Hay una frase que se repite en muchas empresas: "ya gestionaremos esto cuando tengamos un accidente". El problema es que cuando llega ese accidente, el coste ya no es solo el siniestro.
El transporte de mercancías peligrosas no es un sector más dentro de la logística. Productos químicos, gases a presión, inflamables o corrosivos circulan cada día por las carreteras españolas y, cuando algo falla, las consecuencias van mucho más allá de un accidente convencional: daños medioambientales, riesgo real para terceros, responsabilidad civil y penal, y un impacto reputacional difícil de gestionar.
Si tu empresa gestiona una flota de vehículos, ya sea de cinco furgonetas o de varios centenares de coches, la seguridad vial no es solo una cuestión de responsabilidad ética: es un factor crítico que afecta directamente a los resultados del negocio.