El sector de la logística y el transporte concentra uno de los mayores índices de siniestralidad vial laboral en España. Los conductores profesionales pasan gran parte de su jornada al volante, expuestos a condiciones variables: fatiga, presión de plazos, tráfico intenso y largas distancias.
Hay una frase que se repite en muchas empresas: "ya gestionaremos esto cuando tengamos un accidente". El problema es que cuando llega ese accidente, el coste ya no es solo el siniestro.
El transporte de mercancías peligrosas no es un sector más dentro de la logística. Productos químicos, gases a presión, inflamables o corrosivos circulan cada día por las carreteras españolas y, cuando algo falla, las consecuencias van mucho más allá de un accidente convencional: daños medioambientales, riesgo real para terceros, responsabilidad civil y penal, y un impacto reputacional difícil de gestionar.